No a todos nos mueven las mismas cosas | Valores personales

Los valores son todo aquello que nos importa, pero que nos importa de verdad. Todo aquello que da sentido a nuestra vida y que incluso puede quitarnos el sueño por las noches. No hablo de los que popularmente se habla como el honor, la integridad o la sinceridad. Tal vez te resulte más fácil de entender si te digo que un valor puede ser la familia, otro valor puede ser el trabajo y que otro más, el deporte.

 

Un valor no se alcanza

Un valor es una dirección, no una meta concreta. Pongamos mi ejemplo: ser un buen psicólogo. No va a llegar un día en el que yo diga: “¡ya está, lo conseguí! Ahora vamos con otra cosa”. Seguiré formándome y mejorando día a día, seguiré teniendo acciones valiosas en esa dirección.

Un valor es nuestro Norte, y nos puede servir para orientarnos cuando las cosas no parecen ir bien, cuando no nos sentimos bien. La vida puede tener sentido porque está orientada en una dirección. Y nos sentiremos bien en nuestra vida si establecemos y cumplimos una serie de objetivos que estén orientados hacia ese Norte que tanto nos importa.

 

¿Tenemos todos los mismos valores?

Por supuesto que no, y no hay nada de malo en ello. Cada uno de nosotros ha vivido y vivirá un contexto distinto que le habrá enseñado qué cosas son las que le mueve. Si bien es cierto, en muchas ocasiones compartimos similitudes en el contexto. Por ejemplo, es normal que en una cultura occidental como esta, el trabajo pueda ser un valor muy común.

Algunos valores muy extendidos es la familia, ser un buen padre/madre, ser un buen hijo, buena pareja… ¿Pero qué pasa cuando alguien no quiere tener hijos? ¿Qué pasa cuando no quiere casarse? ¿Y si quisiera seguir sin pareja? ¿Qué pasa si tiene una familia demasiado “tóxica”?

En muchas ocasiones he visto cómo personas que no querían lo mismo de su vida podían sentirse apartadas. Como si fueran esa pieza de un puzzle que ha saltado de caja. También he visto cómo hay quienes intentan encajarla, que intentan incluso recortar esa pieza para que se adapte al hueco. Incluso cuando se ve claramente que ni forma parte de la misma imagen, que ni forma parte de la vida que de verdad quieren…

 

¿Y si esa pieza formara parte de tu propio puzzle?

Tal vez sería interesante dejar de repetir nuestros intentos por encajar una pieza  en un contexto que no es el nuestro. Tal vez nuestro contexto sea único, cada persona vive su propia experiencia incluso en lo que a primera vista pueda ser un mismo momento. Incluso si criamos a dos personas en el mismo ambiente, estarán experimentando ese ambiente de forma distinta. El ambiente no es únicamente lo que podemos ver desde fuera, cada uno de nuestros pensamientos o emociones configuran nuestra experiencia. Así que, ¿cómo no íbamos a ser todos distintos de alguna manera?

 

¿Cómo descubrir mis valores?

Es posible que esos valores ya estén ahí. Que ya estés dedicándole tiempo y energía a ciertas cosas que te importan. Si esto es así, simplemente siéntate a pensar qué es lo que que sí o sí, tiene que estar en tu vida. ¿Qué es eso por lo que eres capaz de pasarlo verdaderamente mal? Eso por lo que serías capaz de afrontarlo todo.

Si no lo tienes tan claro y piensas que tal vez no exista nada que te importe de verdad, es posible que toque experimentar… Imagina que entras a un buffet y hay un montón de sabores, pero te sientas a mirarlos desde una silla y a dudar de cuál quieres o de si hay alguno que tendrías que querer. ¿Qué podrías hacer? Probarlos. Experimenta cosas nuevas, muévete, las posibilidades son infinitas y hasta donde sé, sólo tenemos esta vida, habrá que exprimirla, ¿no?

 

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